Cola o Rabo
Un enigma en la lengua castellana
Cola o Rabo
Por: Giorgio Caprile
Agosto 2025 (original octubre 2014)
El otro día me encontré con un viejo amigo sueco. Después de los acostumbrados abrazos de salutación y amistad decidimos comer juntos en un pequeño restaurante del barrio; fueron tantas mis alabanzas a los enormes progresos que había hecho en su dominio del idioma Castellano que no pudo negarse a la propuesta. Como era de suponer la sobremesa se alargó más de la cuenta y una vez agotados los temas de conversación sobre el trabajo y la familia retomamos el asunto de su conocimiento lingüístico de la maravillosa lengua que estoy empleando en este escrito, el Español, el Castellano, la lengua de Cervantes o como cada uno quiera llamarla [1].
El caso es que después del segundo pacharán mi amigo me espetó: “Oye Giorgio, ¿por qué el caballo tiene cola y el toro rabo?”. La verdad es que me quedé un poco descolocado; no se si por las dos botellas de Cune que nos habíamos bebido o por la modorra provocada por la chimenea que estaba encendida a pocos metros de nuestra mesa pero, lo cierto es que, no acababa de comprender la pregunta y si era una pregunta retórica o el comienzo de un chiste. Mi amigo se me quedó mirando fijamente, supongo que yo tendría la mirada perdida, como las vacas mirando al tren y entonces él insistió: “…si, si, lo digo en serio, ¿por qué decimos que el caballo tiene cola y sin embargo para referirnos a la misma parte de la anatomía de un toro decimos que es el rabo? No entiendo la diferencia, los dos son mamíferos grandes, herbívoros, con rabo o cola larga con pelos, pero en Castellano se denominan de forma distinta”.
Me podía haber esperado cualquier otra pregunta sobre el idioma Castellano, por ejemplo, la diferenciación que hacemos entre el ser y el estar, tan complicada de entender y por ende dominar por los extranjeros; o podía esperarme preguntas sobre el correcto uso de las preposiciones, tan confusa en nuestro idioma como lo es en inglés por la enorme riqueza de matices que encierran las preposiciones. Pero no, el jodido me pregunta por qué un animal tiene cola y otro rabo. Nunca me había parado a pensar en esta diferenciación y por ello, mi perplejidad al escuchar la pregunta quedaba plenamente justificada.
“Pues no lo se, nunca me he parado a pensar en ello” le conteste, “pero es una buena pregunta, ¡veamos!”. Y dicho esto saqué del bolsillo mi maravilloso teléfono móvil y aprovechando la disponibilidad de WiFi gratuito en el restaurante me conecté con la Real Academia Española vía www.rae.es y esto es lo que aprendimos:
rabo.
(Del lat. rapum, nabo).
1. m. cola (‖ extremidad de la columna vertebral de algunos animales).
4. m. coloq. Cosa que cuelga a semejanza de la cola de un animal.
…
6. m. vulg. Pene del hombre.
cola.
(Del lat. vulg. coda, y este del lat. cauda).
1. f. Extremidad posterior del cuerpo y de la columna vertebral de algunos animales.
2. f. Conjunto de cerdas que tienen ciertos animales en esta parte del cuerpo.
3. f. Conjunto de plumas fuertes y más o menos largas que tienen las aves en la rabadilla.
…
7. f. Punta o extremidad posterior de alguna cosa, por oposición a cabeza o principio.
10. f. Hilera de personas que esperan vez.
No me hago más prolijo en la aportación de los significados de ambas palabras para no cansar a los lectores… pero creo que es evidente por qué mi amigo sueco tenía, y supongo que seguirá teniendo, tantas dudas sobre cuándo usar la palabra rabo y cuándo usar cola.
El caso es que el caballo tiene cola, pero el burro tiene rabo. ¡Esto es el colmo, si los dos son equinos! Es como si la palabra rabo fuese más vulgar y por eso se la asignamos al pobre burro mientras que la eludimos para el elegante caballo – ¡por Dios! no se vaya a ofender el caballo – y decimos que tiene una cola tan bella que hasta la ponemos en la cabeza de las mujeres (que nadie se ofenda, ni me tache de machista), … vale, también hay hombres que lucen una hermosa cola de caballo con su melena recogida en su nuca con una goma. Sin embargo, el pobre burro, no solo decimos que tiene rabo si no que le asignamos dos rabos; pobre burro, si, pero bien que nos gustaría lucir un atributo como su “quinta” pata, perdón, su segundo rabo, … en fin, dejemos al burro en paz, no vayamos a llevar a mi amigo sueco a una confusión aún mayor.
“Pero entonces ¿por qué decimos que los hombres tienen rabo, y por qué a veces decimos que tienen colita?”, me preguntó mi amigo escandinavo. ¿Pueden ustedes lectores explicarme que debía haberle contestado?, porque claro, esa pregunta vino después de una serie de observaciones como que una cosa tan delicada como una pera (si, la fruta) tiene rabo mientras que los trajes de vestir, tanto de hombre como de mujer, tienen cola. El problema en la explicación es mayúsculo porque tampoco le valió a mi amigo la distinción entre lo vulgar y lo…, digamos delicado, porque me hizo la observación de que el pelo recogido era una “cola” mientras que cuando las mujeres se maquillan se pintan el “rabo” del ojo. Estarán de acuerdo conmigo en que es un poco lioso.
Llegado este punto mi amigo me preguntó si no había una regla nemotécnica que le ayudase a aclarar su confusión y si los términos cola y rabo podían ser intercambiados sin caer en grandes errores y sin cambiar sustancialmente el significado de la expresión.
¿Por qué un ratón tiene cola y no rabo, y por qué las nubes blancas son rabos de gallo y no colas?, no hay quien explique esto a alguien que no ha mamado el castellano desde la cuna. ¡Bueno, y que decir de todas los significados de un rabo precedido por un verbo!; algunos ejemplos significativos: “coger por el rabo” – con mis disculpas para nuestros amigos latinoamericanos por aquello de coger y no por lo de rabo – para expresar que se ha alcanzado algo con dificultad; no quiero entrar en la vulgaridad, pero efectivamente debe ser muy difícil “coger” a alguien por el “rabo”; o que me dicen de aquello de “ir con el rabo entre las piernas” como expresión de derrota o de que alguien ha sido vencido; o aquello de “cortar el rabo” para referirse a la mujer que ha roto sus relaciones sentimentales con algún varón; o aquella de “quedar el rabo por desollar” para decir que una labor es muy difícil y que ha quedado inacabada (…como me temo que va a quedar este ensayo…).
Pero no vayan a pensar que los significados de las expresiones que utilizan la palabra cola se quedan a la zaga. Además de la ya mencionada cola de caballo para el referirse al pelo largo anudado en la nuca tenemos otras expresiones como “hacer cola” para referirse a la hilera de personas, acciones o eventos a la espera de su turno; y ahora como le explico yo a mi amigo que en la parada del autobús se hace la cola y que no se “hace el rabo”; o que el carpintero no ensambla los muebles con “rabo de milano” si no con una cola de milano; o que no se le puede mandar a alguien “al rabo” si no que se dice que se vaya a la cola para indicarle que se ponga el último; y que si alguien tiene “un buen rabo” es muy diferente a decir que alguien tiene “la cola larga”, el primer caso se refiere a que tiene buenos atributos masculinos mientras que el segundo es que alguien tiene antecedentes, buenos o malos, pero generalmente son malos.
Tuve que concluir la conversación con mi amigo diciéndole que no, que los términos cola y rabo no son intercambiables, que, aunque a veces puedan serlo, no merece la pena caer en el error y que no utilice ese tipo de expresiones sin saber exactamente cuándo, cómo y a quién decirlas; ¡porque claro!, no es posible imaginar ni al maestro Rachmaninov interpretar su concierto nº 2 en un “piano de rabo” ni a la Caballé cantar el aria O mio babbino caro con su mano derecha delicadamente apoyada sobre el “rabo” del piano; ni tampoco es posible imaginar a las bellas flamencas lucir sus “batas de rabo” por el ferial de Sevilla ni ver a mi abuela en la cocina diluir “rabo de pescado” para hacer gelatina.
Se imaginan ustedes escuchar a los comentaristas de la prensa del corazón decir algo así como “…las damas de honor, elegantemente vestidas en dulces tonos siena, acompañan a la novia portando su hermoso rabo…”. Yo no he sabido explicarle a mi amigo sueco que la palabra rabo tiene, además de los múltiples significados que nos enseña la RAE, cierta connotación vulgar que solo lo puede soportar el pobre burro que nos lo muestra en su anatomía por partida doble.
¿Pueden ustedes aportar algo de luz a este galimatías lingüístico? Porque mi amigo sueco y yo nos levantamos de la mesa con el rabo entre las piernas, con las mismas dudas con las que comenzamos tan enigmática conversación y nos pusimos en la cola del cajero del restaurante para pagar la cuenta.
[1] Por cierto, con respecto a la denominación de la lengua que es el idioma oficial del estado español, será muy difícil que los Españoles se pongan de acuerdo en cómo denominarla y me temo que acabará ocurriendo lo mismo que con el himno nacional, es decir, le quitaremos la letra, nos quedaremos solo con la música y terminaremos llamándola “la lengua”; pero esa es otra historia.


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